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Este es mi blog personal y aquí escribo sobre Internet, tendencias, V&L, cine, fotografía y cualquier otro tema que me parezca que es imprescindible compartir. Si quieres, puedes seguirme por:

16 de febrero de 2009

Antes de que lleguen las 1.246.356.000

La noche del pasado viernes fue muy especial para todos los ordenadores, androides y otros dispositivos electrónicos que utilizan el sistema de tiempo UNIX Time. Este sistema, diseñado en la prehistoria de la informática, es lo que utilizan millones de ordenadores de todo el mundo para medir el tiempo y, básicamente, consiste en contar el número de segundos transcurridos desde el 1 de Enero de 1970.

Pues bien, lo que ocurrió la noche del viernes, concretamente cuando pasaban treinta y un minutos y medio de la medianoche, es que el UNIX Time marcó la mágica cifra de 1.234.567.890.

Los actos de celebración de este evento que se produjeron por todo el planeta fueron realmente breves y poco concurridos, pero seguramente los cuatro o cinco geeks que participaron quedaron muy satisfechos, ya que quedan más de 273 años para la próxima cifra mágica: 9.876.543.210.

En otro órden de cosas, hoy el pequeño Víctor, que nació a las 1.198.779.360 y por lo tanto todavía no sabe hablar, se ha quedado preocupado al ver las primeras fotos de su futura hermana. Por un lado, le han gustado mucho, ya que el parecido con él mismo cuando tenía su edad son evidentes. Por otro lado, al darse cuenta de que todavía no sabemos cómo se llamará se ha quedado muy pensativo.

Si quieres ayudarle a escoger un buen nombre, puedes participar en la clásica encuesta Un nombre para Junior 2.0 que inauguramos hoy. Evidentemente, también puedes proponer nuevos nombres añadiendo comentarios a esta entrada. Todos serán considerados...

¡Muchas gracias por participar!

10 de enero de 2009

Cien monos y el espíritu de los tiempos

Los macacos japoneses o macacos de cara roja son unos monos muy inteligentes, muy limpios y, como se verá más adelante, muy sociables. Viven en Japón y son famosos por ser los protagonistas de un curioso fenómeno conocido como El efecto del mono número cien.

El primer libro que relató este fenómeno fue Rhythms of Vision, publicado por Lawrence Blair en 1975. Posteriormente, otros autores añadieron algunos detalles no esenciales que ayudaron a convertirlo en una leyenda. A continuación, voy a intentar hacer un resumen de esta historia sobre monos y conciencia colectiva...

El efecto del mono número cien

A principios de la década de los cincuenta, unos científicos japoneses que estaban estudiando el comportamiento de los macacos de cara roja, decidieron poner a prueba su inteligencia. En una playa de la isla de Kojima, uno de los científicos le dio a uno de los monos una patata rebozada en tierra. No se sabe si a propósito o por casualidad, el animal acabó tirando la patata a una charca de agua de mar, con lo que al recoger el alimento, pudo disfrutar de un manjar limpio de tierra y con un gustoso sabor salado. Debemos suponer que la experiencia le dejó bastante satisfecho porque, a partir de ese día, cada vez que los científicos le daban una patata sucia a ese macaco, éste la lavaba con agua salada antes de comérsela.

Tal como diría mi abuela: el animal, tonto no es.

Al cabo de unos días, los científicos repitieron el experimento con un vecino del primer mono y el resultado fue sorprendente. Inmediatamente después de recibir la patata, el segundo mono se fue directamente hacia la charca. Al parecer, el primer mono les había enseñado a sus congéneres la nueva receta de Patatas limpias con un punto de sal y toda la colonia había aprendido a lavar las patatas antes de comérselas.

Hasta aquí, esta historia sería un bello ejemplo de aprendizaje en comunidad. Pero lo más increíble está a punto de llegar...

Los científicos comprobaron que cada día eran más los monos de la isla de Kojima que aprendían la nueva técnica. Pues bien, cuando el mono número cien aprendió a lavar patatas, se produjo el maravilloso efecto que da título a esta historia. A partir de ese momento, todos los macacos japoneses incorporaron el nuevo conocimiento a su rutina diaria. Y cuando digo todos, no me refiero a todos los de la colonia de la playa o a todos los de la isla de Kojima. Me refiero a la totalidad de macacos japoneses.

Es decir, tal como explica Lawrence Blair en su libro, este fenómeno permitía demostrar que un nuevo conocimiento se puede extender automáticamente a la conciencia colectiva de una especie cuando se alcanza una masa crítica de individuos que lo incorporan. En el caso de los macacos, el número mágico era cien.

He de reconocer que cuando leí esta historia por primera vez, me gustó bastante. No me la creía, pero me parecía una interesante parábola sobre algo que suelo repetir a menudo: Lo que saben cinco, lo saben veinticinco.

Pero... ¿qué hay de cierto en todo esto?

Lamentablemente, casi nada. La investigación original de 1952 publicada por aquellos científicos japoneses en la revista Primates permite concluir con facilidad que casi todo lo relatado por el señor Blair es falso o inexacto y que, probablemente, su libro no pasa de ser un panfleto pseudocientífico mal documentado.

En realidad, no hubo ningún primer mono lavando una patata. Se trataba de una mona y el alimento era una batata. Además, no fueron unos pocos días el tiempo necesario para que cien macacos aprendieran a lavar batatas. De hecho, después de diez años, sólo había treinta y seis y se trataba de ejemplares jóvenes, seguramente instruidos de manera lenta y progresiva por sus mayores.

Sin embargo, lo que sí que es cierto es que hoy en día se encuentran macacos de cara roja en otras islas de Japón que saben lavar su comida. ¿Quiere decir esto que en el fondo sí hubo algo de magia? Evidentemente, la explicación es mucho más sencilla. Tal como he dicho al principio, estos macacos son muy sociables y en ocasiones se van nadando a visitar a sus colegas de otras islas. Estas visitas, a falta de Facebook, facilitan la transmisión en red de todo el nuevo conocimiento adquirido.

Por lo tanto, la conciencia colectiva no es algo que se pueda nutrir mediante mágicos efectos paranormales, sino que es la compartición masiva de conocimiento entre los miembros de una sociedad la que permite que algunos conceptos adquieran relevancia durante algunos periodos de tiempo.

Afortunadamente, los seres humanos, a diferencia de los macacos japoneses, sí tenemos algunas herramientas que nos permiten consultar cuáles son las ideas o conocimientos que predominan en nuestra conciencia colectiva. Por ejemplo, Google nos ofrece cada año su servicio Zeitgeist, cuya traducción al castellano sería el espíritu de los tiempos. Mediante este servicio, podemos ver qué términos han sido los más consultados en el buscador de Google.

Dado que éste es mi primer artículo del año 2009, creo que es un buen momento para ver cuál ha sido el espíritu de 2008. Según Google, por nuestra conciencia colectiva han pasado un tal Obama, una tal Sarah Palin, algo sobre unas olimpiadas en China y también no sé qué de una crisis financiera...

26 de noviembre de 2008

Mi coche en Google Street View

Hace algo más de tres años, publiqué en este blog un artículo titulado Ciberbotánica que comenzaba así:

En el mundo del entretenimiento e incluso del arte, la fusión de conceptos aparentemente muy alejados suele funcionar muy bien por varios motivos. [...]

El artículo de hoy no tiene mucho que ver con aquél, aunque la verdad es que lo podría haber iniciado de la misma manera, porque últimamente la fusión de dos hechos aparentemente muy alejados me ha tenido bastante entretenido. Los dos hechos son los siguientes:

Hecho 1: He completado las misiones del GTA 4

Después de bastantes horas (creo que es innecesario especificar cuántas) jugando a Grand Theft Auto IV en mi Xbox 360, ya he completado todas las misiones. Este título, abreviado habitualmente como GTA 4, es para muchos el mejor videojuego de la historia y yo, por supuesto, me incluyo entre ellos.

La cuestión es que, una vez terminadas todas las misiones, una de las muchas cosas que se pueden hacer en el juego es localizar unos coches concretos que están aparcados en diferentes puntos de la ciudad y robarlos. Nuestro amigo Steve nos irá enviando a nuestro móvil las fotos de los coches y nuestro objetivo es encontrarlos y tomarlos prestados para entregárselos en su taller clandestino.

Evidentemente, a pesar de que el juego esté muy bien, estas actividades delictivas no pueden considerarse un ejemplo de conducta.

Por lo tanto...

Nota para el pequeño Víctor: Hijo, si estás leyendo esto, quiero que sepas que apropiarse de bienes ajenos NO es divertido.

Hecho 2: Google Street View ha llegado a Barcelona

A finales del mes pasado, el servicio Street View de Google llegó a Barcelona y a otras ciudades españolas. Con este nuevo servicio, los usuarios de Google Maps pueden pasear desde su ordenador por cualquier zona de estas ciudades visualizando fotografías tomadas a pie de calle.

De esta manera, por ejemplo, es posible situarse en una dirección concreta de Barcelona y empezar a moverse por los alrededores observando el aspecto real que tiene esa calle (o, mejor dicho, el aspecto que tenía cuando los señores de Google hicieron las fotografías en Mayo de este año).

Conclusión: 1 + 1 = 2

Fusionando los dos hechos anteriores, el otro día consideré que podría ser entretenido intentar buscar un coche concreto entre las miles de fotografías que forman el Google Street View. Sería como intentar encontrar uno de los coches que me pedía Steve en el GTA 4. Como no tenía una opción mejor, me propuse encontrar el mío...

Y lo encontré...


Ver mapa más grande

En fin, supongo que cuando los señores de Google actualicen las fotografías tendré que volver a buscarlo. Hasta entonces...

Game Over