Hola, soy Javier.

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Este es mi blog personal y aquí escribo sobre Internet, tendencias, V&L, cine, fotografía y cualquier otro tema que me parezca que es imprescindible compartir. Si quieres, puedes seguirme por:

29 de diciembre de 2007

10 temas de los que puedes hablar en tu blog cuando acaba de nacer tu hijo

1. ¡Ha nacido Víctor! Es mas guapo...

2.

3.

4.

5.

6.

7.

8.

9.

10.

Ahora me tengo que ir.

23 de diciembre de 2007

Las 10 primeras (1/6)

Hace un par de meses publiqué un relato corto titulado Las 100 mejores, que todavía se puede leer siguiendo los enlaces de la barra lateral de este blog. En el epílogo del relato, se descubría que la motivación principal del mismo era convertirse en un regalo de cumpleaños para Natalia y, con ese descubrimiento, se cerraba la historia y se entregaba el regalo.

Pero... ¿queda algo por descubrir?

Pues sí, alguna cosa había que dejar para los extras de la edición especial.

En el tercer episodio, por orden de aparición, titulado La lista, aparece la relación de las 100 mejores películas de todos los tiempos según el American Film Institute. La lectura de esa lista permite a uno de los protagonistas darse cuenta de algo que estaba condicionando desde el principio el desarrollo de la historia. La narración dice así:

Me levanté rápidamente y entré en el despacho. En la bandeja de la impresora todavía estaba la lista que yo mismo había imprimido dos días antes: la lista de las 100 mejores películas americanas de la historia. La repasé de arriba a abajo, conectando algunos títulos con lo que había ocurrido en las últimas horas.

1. Ciudadano Kane (1941)
[...]
100. Ben-Hur (1959)

El resultado era sorprendente. ¡Más de la mitad de las películas de la lista tienen alguna relación con esta historia!

Y así es. Concretamente hay 51 películas de la lista que están referenciadas de alguna manera en el relato.

Las 10 primeras referencias, por órden de aparición, son:

Star Wars Episode IV#1. La estructura del relato, dividido en los episodios IV, V y VI, es un pequeño homenaje a Star Wars. El epílogo no lo cuento porque era necesario para ocultar el final de la historia. La cuestión es si algún día se estrenarán los episodios I, II y III. Quiero pensar que es posible, pero siguiendo los pasos del amigo George, supongo que no será antes de 20 años...

#2. El tema de Gene Kelley que sonaba en la radio del coche no podía ser otro que el de Cantando bajo la lluvia. Realmente sigo pensando que sonaba apropiado, dada la que estaba cayendo.

Rosebud#3. Natalia me estaba esperando cerca de la discoteca Rosebud. Posiblemente muchos clientes de esta discoteca de Barcelona no sepan que debe su nombre a Orson Welles, ya que Rosebud es el hilo conductor de la que está considerada la mejor película de todos los tiempos: Ciudadano Kane. Rosebud es la última palabra que pronuncia el magnate Charles Foster Kane antes de morir, al principio de la película; lo cual motiva las investigaciones de un periodista. Lo cierto es que el periodista, pese a sus esfuerzos, nunca llegará a averiguar el significado de esa palabra. Por suerte, gracias a la última escena, el espectador que preste atención sí podrá.

Taxi Driver#4. El taxista impaciente que me increpaba en la rotonda y que tenía un peinado ridículo pretende ser el protagonista de Taxi Driver. Lógicamente conviene imaginárselo con la cara de Robert De Niro y con un peinado al estilo mohicano.

#5. La canción Mrs. Robinson que sonaba en la radio del coche después del suceso es el tema principal de la película El graduado y, de hecho, es la única canción de la banda sonora que Paul Simon escribió expresamente para la película.

#6. La niña vestida de rojo es posible que fuera la misma que aparece en varias ocasiones en La lista de Schindler. Es importante recordar que solía aparecer en momentos especialmente dramáticos, como pudo ser el del atropello, siendo la única nota de color en una película en la que Spielberg utilizó magistralmente el blanco y negro.

El Mago de Oz#7. Los zapatos de la niña eran rojos, ya que iban perfectamente combinados con el vestido, y la rotonda sobre la que comenzó a caminar se describe unas cuantas líneas antes como una cuadrícula amarilla. Por lo tanto, zapatos rojos sobre un camino de baldosas amarillas... ¿Podría ser la pequeña Dorothy de El Mago de Oz?

Bogart#8. El hombre de la gabardina mojada y de poca estatura no puede ser otro que Bogart. Lo cierto es que lo incluí en la historia pensando en aquella escena de Casablanca en la que su personaje, Rick, está esperando en una estación de tren con la gabardina empapada y, a los pocos segundos, cuando sube al tren, la gabardina está milagrosamente seca. Hasta las obras maestras tienen gazapos antológicos.

#9. El peluche del Toro salvaje que se cayó con el frenazo es uno de los elementos reales de la historia. Realmente llevamos ese peluche en el coche.

#10. Raindrops keep falling on my head, tema principal de la película Dos hombres y un destino, fue galardonado en el año 1970 con el Oscar a la mejor canción original.

Dentro de una semana, si nadie se me adelanta y las descubre por su cuenta, las diez siguientes...

17 de noviembre de 2007

El ciclo de la vida

Esta mañana me he levantado pensando en el dinero, aunque no de la manera superficial y materialista en que lo hacemos habitualmente. Hoy he intentado pensar en ello desde una perspectiva biológica; intentando imaginar cómo sería el ciclo de la vida de, por ejemplo, los cinco billetes que hoy llevo en mi cartera.

Lo cierto es que los billetes tienen una buena vida:

  • Nacen en centros especializados que disponen de todo tipo de recursos para garantizar su adecuada gestación.
  • Afrontan su primer contacto con el mundo exterior rodeados de sus iguales, por lo que no existe ningún tipo de discriminación.
  • Disponen de todo tipo de medidas de seguridad para protegerlos de los delincuentes.
  • La gente les tiene mucho afecto y difícilmente son rechazados.
  • Viajan muy a menudo, conociendo muchos lugares y culturas.
  • No tienen aspiraciones absurdas y frustrantes: ningún billete de 20 € aspira a convertirse en uno de 50 €.
  • Cuando su vida se agota tienen una muerte digna; incinerados como caballeros Jedi.
  • Algunos elegidos llegan a lograr la inmortalidad, guardados cuidadosamente en prestigiosas colecciones numismáticas.

Todos estos aspectos pueden motivar interesantes reflexiones, pero hoy me he centrado únicamente en el tema de los viajes que hacen los billetes de Euro desde que salen de cualquiera de los 15 centros de fabricación que hay en Europa. Para ello, me he conectado a la web EuroBillTracker y he registrado los números de serie de los cinco billetes que tenía en la cartera. En esta web, en la que me di de alta hace un par de días, los usuarios introducen la información de los billetes que pasan por sus manos indicando dónde los consiguieron. De esta manera, se puede hacer seguimiento del viaje de esos billetes viendo por dónde han pasado y, si alguien los vuelve a registrar en el futuro, viendo hasta dónde han llegado.

Ahora mismo hay más de 37 millones de billetes dados de alta y esta cifra va aumentando casi exponencialmente.

De los cinco billetes que yo he registrado, dos provienen de Alemania, uno de Holanda y los otros dos son españoles. No tardaré mucho en liberarlos para que puedan continuar su viaje. En todo caso, lo único que espero es poder volver a tener noticias de ellos y saber que están bien.

En fin, supongo que es posible que el próximo nacimiento de mi hijo Víctor haya influido en la carga emocional del artículo de hoy. Os dejo su última ecografía, en la que nos envía un mensaje desde el corazón.

17 de octubre de 2007

Víctor 2.0

Tal como anunciamos hace unas semanas, Junior se llamará Víctor.

Concretamente, se llamará Víctor Otero Suárez y esperamos que nazca a final de año en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, aunque no descartamos que nazca cuando le apetezca y donde le apetezca. Lo cierto es que la programación del parto, al igual que la encuesta que pusimos para elegir su nombre, es no vinculante.

Hemos recibido algunas quejas de los partidarios de David, que justamente ganó en las votaciones. Es un nombre que nos gusta, pero lo hemos tenido que descartar principalmente porque David Otero es el guitarrista de "El Canto del Loco" y, al googlear su nombre, aparecen unas 30.000 entradas.

Además, los cromosomas de Víctor, no dejan lugar a dudas.

Por lo tanto, Víctor ya tiene nombre, que es lo único que le hacía falta para tener una identidad propia en la web 2.0. Como no podía ser de otra manera, ya tiene su dominio propio (victorotero.info) y próximamente estrenará su blog, siguiendo los pasos de sus amigas Mar y María. Suponemos que el nuevo blog verá la luz aproximadamente a final de año, pero tal como he dicho antes, no podemos saber la fecha exacta.

De momento, lo que sí podéis hacer es enviarle un correo electrónico a su nueva dirección, que nació ayer mismo. Natalia y yo ya le hemos enviado su primer mensaje: "Hola hijo, somos tus padres y...".

6 de octubre de 2007

Las 100 mejores (4/4)

Epílogo: La mejor

Me falta algo.

Ya ha pasado más de un mes y los hechos aquí relatados ya son casi pasto del olvido, pero hoy me he despertado con la certeza de que esta historia no estaba completa, de que me faltaba algo.

Aquel miércoles comprendí que el supuesto atropello, la maleta abandonada, la clave y lo demás sólo eran elementos aislados que mi imaginación, alentada por una reiterada sobredosis de películas y por el vino francés de la comida, había conectado involuntariamente.

Pero… ¿qué significado tiene el SMS?

Desde el final de aquella semana he llevado en la cartera un pequeño trozo de papel con las películas de la lista que se corresponden con los números del mensaje.

55. Con la muerte en los talones
62. American Graffiti
65. La reina de África
35. Annie Hall
07. Lawrence de Arabia
49. Intolerancia
28. Eva al desnudo

...igual a...

34. Blancanieves y los siete enanitos (1937)

Recuerdo el momento en que terminé de apuntar esos títulos en una esquina de la contraportada del dominical. Pensé que si el 34 se correspondía con Blancanieves, los siete primeros números tendrían algo que ver con los enanitos. Aunque un poco absurda, parecía una buena premisa... pero no conducía a ninguna parte.

Tenía que ser otra cosa.

Esta mañana, mientras Natalia dormía, he ido directamente al ordenador para volver a leer el relato que yo mismo he ido publicando en este blog. Los comentarios de la última entrada confirmaban mi sensación. Hacía falta algo más. La historia no podía acabar en el capítulo 3/4. Dispuesto a descifrar el significado de los números, he vuelto a sacar ese pequeño papel de mi cartera.

Pero no ha salido solo. Después de tantos días guardado en mi bolsillo, una foto que siempre llevo en la cartera se le había quedado pegada: una pequeña foto de Natalia firmada en la parte posterior.

Natalia S.

Al verla, con esa caligrafía tan elegante y tan poco común en la profesión médica, he recordado que fue ella la que me devolvió la cordura con aquellas palabras: "¿Y no crees que has visto demasiadas películas americanas?"

Entonces me he dado cuenta... ¡Americanas! ¡Eso es! ¿Y por qué estoy mirando los títulos en castellano?

Inmediatamente he googleado los títulos buscando las versiones originales en inglés.

55. North by Northwest
62. American Graffiti
65. The African Queen
35. Annie Hall
07. Lawrence of Arabia
49. Intolerance
28. All About Eve

…y por último…

34. Snow White and the Seven Dwarfs

Ya lo tenía. La primera letra de cada título formaba… Natalia S. Era su firma. O visto de otra manera… N+A+T+A+L+I+A = 34.

Al descubrir esta última interpretación del mensaje, he mirado el calendario y he ido corriendo al dormitorio. Por suerte, Natalia parecía que se acababa de despertar.

—¡Feliz cumpleaños, cariño! —le he dicho mientras me sentaba a su lado—. ¿Qué tal te sientan los treinta y cuatro?
—Muy bien. Muchas gracias. —Me ha dicho con una amplia sonrisa—. Supongo que ya has descifrado el SMS que te envié.
—Fuiste… ¿tú? —Le he contestado con una cara a medio camino entre la admiración y la incredulidad.
—Sí, el día aquel que llovió tanto. Te lo envié mientras te esperaba en la calle. Tenía que entretenerme de alguna manera y llevaba en el bolso una copia de la lista esa que habías imprimido. De todas maneras, estaba segura de que lo solucionarías. En fin… ¿y qué me vas a regalar?

Aunque todavía estaba bastante alucinado, he buscado rápidamente una salida digna a esa pregunta y, después de unos momentos y sin saber muy bien por qué, la he encontrado.

—Bueno… Estaba pensando en escribir un pequeño relato y dedicártelo. ¿Te gustaría?

The end

"Para Natalia."

4 de octubre de 2007

Las 100 mejores (3/4)

Episodio VI: La lista

Al llegar al rellano, allí estaba la maleta. La habían dejado de pie y arrinconada en la zona más oscura, pero era prácticamente imposible no verla. La primera impresión me tranquilizó un poco. Al fin y al cabo, sólo era una maleta vieja de color canela. La cogí y la apoyé en el suelo, comprobando que realmente pesaba bastante. En la parte de arriba, alguien había escrito el número 34 con un rotulador grueso de color negro.

Tenía que abrirla… pero no en el rellano.

Entré en casa, la deposité sobre la alfombra del salón y me senté en el suelo frente a ella. Tal como había dicho Natalia, estaba cerrada con un reluciente candado blanco con clave de tres dígitos. Mientras lo examinaba, pensé en lo sucedido la noche anterior: la lluvia, la rotonda… y el SMS. Saqué el móvil y lo leí de nuevo: 55 + 62 + 65 + 35 + 07 + 49 + 28 = 34.

¡Exacto! El resultado de esa suma era 34, así que seguramente la primera parte tenía que ver con la clave. Sumé los siete primeros números… Daba 301. Tres dígitos. Tenía sentido, así que cogí el candado y marqué la clave.

No hubo suerte.

Lo miré durante un rato más. Ese candado no parecía un reto demasiado importante para uno de mis martillos, pero aun así decidí probar de nuevo sin pensar demasiado. Puse tres seises en el candado y estiré.

¡Bingo!

Una repentina sensación de felicidad me invadió. No sabía si había sido casualidad o talento, pero ver el candado en la palma de mi mano me hizo sentir bien. Mientras lo observaba complacido, pensé que nunca había visto un objeto como ese. Era especial, de una belleza singular... y ahora que estaba libre parecía relucir más que antes. Lo dejé con cuidado sobre un cojín y me dispuse a abrir la maleta. Justo en ese momento sonó el teléfono de casa. Por suerte, el inalámbrico rojo estaba encima del sofá y sólo tuve que alargar el brazo para cogerlo.

—Hola. Soy yo. —Era Natalia—. Veo que ya has llegado. ¿Has visto la maleta?
—Sí, y llamas en el momento ideal. Estaba a punto de abrirla.

Había llegado el momento. Me cambié el teléfono a la mano izquierda y utilicé la derecha para abrir la cremallera que recorría todo el contorno de la maleta. A continuación, con la misma mano, comencé a levantar la tapa percibiendo algo de luz que salía del interior.

—Parece que hay algo que… brilla —le dije.
—¿Son diamantes? —Natalia no se estaba tomando el tema con seriedad—. ¡Deben valer su peso en oro!
—Pues no —le respondí mientras miraba con incredulidad el contenido—. Está llena de... arena.
—¿Arena brillante? No entiendo.

Ignoré la última pregunta de Natalia. Yo sí estaba empezando a comprender el sentido de todo lo que ocurría. Levanté un puñado de arena con la mano y la dejé caer poco a poco sobre el resto.

—Arena del desierto de Arabia… —susurré pensando en voz alta mientras decenas de imágenes y sonidos se me agolpaban en la cabeza—. O puede que del circo romano de Jerusalén...
—¿Cómo? ¿Circo romano? ¿Crees que podría ser la maleta de un gladiador fugado? —Definitivamente se lo estaba tomando a cachondeo—. ¿Y no crees que has visto demasiadas películas americanas?

Su última pregunta me devolvió al mundo real. Todo tenía una explicación y Natalia acababa de dar con ella.

—Sí, tienes razón —le contesté recuperando la templanza—. Sólo es un poco de arena que evidentemente no brilla. No te preocupes. Luego lo hablamos, ¿vale?
—Vale, pero si finalmente hay que meterte en el manicomio, dímelo con tiempo para poder escoger una enfermera que te trate bien. Un beso.

Natalia había acertado de lleno. Ya todo estaba claro. Me levanté rápidamente y entré en el despacho. En la bandeja de la impresora todavía estaba la lista que yo mismo había imprimido dos días antes: la lista de las 100 mejores películas americanas de la historia. La repasé de arriba a abajo, conectando algunos títulos con lo que había ocurrido en las últimas horas.

1. Ciudadano Kane (1941)
2. El Padrino (1972)
3. Casablanca (1942)
4. Toro salvaje (1980)
5. Cantando bajo la lluvia (1952)
6. Lo que el viento se llevó (1939)
7. Lawrence de Arabia (1962)
8. La lista de Schindler (1993)
9. Vértigo (1958)
10. El Mago de Oz (1939)
11. Luces de la ciudad (1931)
12. Centauros del desierto (1956)
13. Star Wars (1977)
14. Psicosis (1960)
15. 2001: Una odisea del espacio (1968)
16. El crepúsculo de los dioses (1950)
17. El Graduado (1967)
18. El maquinista de La General (1927)
19. La ley del silencio (1954)
20. ¡Qué bello es vivir! (1946)
21. Chinatown (1974)
22. Con faldas y a lo loco (1959)
23. Las uvas de la ira (1940)
24. E.T.: El extraterrestre (1982)
25. Matar a un ruiseñor (1962)
26. Caballero sin espada (1939)
27. Solo ante el peligro (1952)
28. Eva al desnudo (1950)
29. Perdición (1944)
30. Apocalypse Now (1979)
31. El halcón maltés (1941)
32. El Padrino, Parte II (1974)
33. Alguien voló sobre el nido del cuco (1975)
34. Blancanieves y los siete enanitos (1937)
35. Annie Hall (1977)
36. El puente sobre el río Kwai (1957)
37. Los mejores años de nuestra vida (1946)
38. El tesoro de Sierra Madre (1948)
39. ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú (1964)
40. Sonrisas y lágrimas (1965)
41. King Kong (1933)
42. Bonnie y Clyde (1967)
43. Cowboy de medianoche (1969)
44. Historias de Filadelfia (1940)
45. Raíces profundas (1953)
46. Sucedió una noche (1934)
47. Un tranvía llamado deseo (1951)
48. La ventana indiscreta (1954)
49. Intolerancia (1916)
50. El señor de los anillos: La comunidad del anillo (2001)
51. West Side Story (1961)
52. Taxi Driver (1976)
53. El cazador (1978)
54. M*A*S*H (1970)
55. Con la muerte en los talones (1959)
56. Tiburón (1975)
57. Rocky (1976)
58. La quimera del oro (1925)
59. Nashville (1975)
60. Sopa de ganso (1933)
61. Los viajes de Sullivan (1941)
62. American Graffiti (1973)
63. Cabaret (1972)
64. Network, un mundo implacable (1976)
65. La reina de África (1951)
66. En busca del arca perdida (1981)
67. ¿Quién teme a Virginia Woolf? (1966)
68. Sin perdón (1992)
69. Tootsie (1982)
70. La naranja mecánica (1971)
71. Salvar al Soldado Ryan (1998)
72. Cadena perpetua (1994)
73. Dos hombres y un destino (1969)
74. El silencio de los corderos (1991)
75. En el calor de la noche (1967)
76. Forrest Gump (1994)
77. Todos los hombres del presidente (1976)
78. Tiempos modernos (1936)
79. Grupo salvaje (1969)
80. El apartamento (1960)
81. Espartaco (1960)
82. Amanecer (1927)
83. Titanic (1997)
84. Easy rider (1969)
85. Una noche en la ópera (1935)
86. Platoon (1986)
87. 12 hombres sin piedad (1957)
88. La fiera de mi niña (1938)
89. El sexto sentido (1999)
90. En alas de la danza (1936)
91. La decisión de Sophie (1982)
92. Uno de los nuestros (1990)
93. Contra el imperio de la droga (French Connection) (1971)
94. Pulp Fiction (1994)
95. La última película (1971)
96. Haz lo que debas (1989)
97. Blade Runner (1982)
98. Yanki Dandy (1942)
99. Toy Story (1995)
100. Ben-Hur (1959)

El resultado era sorprendente. ¡Más de la mitad de las películas de la lista tienen alguna relación con esta historia!

Con la lista todavía en la mano, volví junto a la maleta y la miré nuevamente. No tenía nada de especial. Al fin y al cabo, sólo era una maleta vieja de color canela. La cerré con cuidado y le coloqué el candado de nuevo. Al intentar cerrarlo, comprobé que no funcionaba bien. Estaba tan viejo que bastaba con estirar fuerte para abrirlo. Sonreí. Tan sólo unos minutos antes estaba convencido de que había adivinado la clave.

Mientras la dejaba en el rellano, justo donde la había encontrado, tuve la sensación de que ya no pesaba tanto.

Dos días después, desapareció.

***

La verdad es que todavía no sé si aquel día atropellé a un perro. Seguramente no llegué ni a tocarlo. No lo sé y, en cualquier caso, ya nunca podré saberlo.

Pero lo que sí sé es que eso ya no tiene la menor importancia.

Fin

2 de octubre de 2007

Las 100 mejores (2/4)

Episodio V: La maleta

Siete horas más tarde, se encendió la radio. Dos tipos aburridos discutían sobre si Brando se había consagrado gracias a Tennessee Williams o si tuvo que esperar tres años más. Les acompañaba de fondo una pieza de Wagner que evocaba cualquier cosa menos un amanecer relajado.

Natalia les hizo callar.

En cualquier otro momento, me habría parecido un debate interesante, pero me reconfortó que volviera el silencio. Me sentía más cansado de lo habitual y recordaba vagamente haberme despertado por la noche, pero lo que realmente me fastidiaba era tener que trabajar en Agosto.

Entré en el baño con los ojos medio cerrados, encendí la ducha y me quedé mirando cómo caía el agua. Era relajante, casi hipnótico. Me duché sin ninguna prisa, con movimientos lentos e imprecisos. Al salir, un inoportuno resbalón terminó de despertarme. Por suerte, mi mano izquierda encontró la pared antes de que yo acabara en el suelo agarrado a la cortina de la ducha.

—Se te ve torpe —dijo Natalia riéndose.

Al parecer, acababa de entrar el baño. Estaba totalmente despeinada y llevaba un artilugio punzante en la mano, así que le respondí con la mejor de las sonrisas. Nunca se sabe...

***

Cuando llegué a la oficina, las ganas de trabajar todavía no habían llegado. Víctor sí.

—Acabo de ordenar mi mesa —me dijo con satisfacción—. He tirado documentos que tenían como seis años.
—Semejante odisea merece un buen desayuno —le contesté mientras llamaba al ascensor—. Tengo un hambre que me comería los zapatos.

Para no perder la costumbre, bajamos al bar de siempre, tomamos lo de siempre y hablamos de la última película que habíamos visto, como solíamos hacer siempre.

Cuando volvimos al trabajo, también nos esperaba lo de siempre. Me senté frente al ordenador y miré el reloj. Marcaba las 10.35. A los cinco minutos, lo volví a mirar. El tiempo avanzaba muy lentamente y me sentía un poco solo. A las 12.15 la sensación se acabó. Una versión electrónica de la quinta de Beethoven sonaba en mi móvil. En la pantalla ponía "Mi casa", así que debía de ser Natalia. Descolgué y pronuncié un par de vocales que intentaban parecerse a un saludo.

—Hola. —Era ella—. ¿Qué tal la mañana? ¿Mucho ambiente?
—En absoluto. La vida por aquí consiste en rutina y después más rutina.

A continuación me habló de la maleta por primera vez.

—Te llamaba para decirte que he encontrado una maleta abandonada en nuestro rellano. Primero pensé que podría ser de los vecinos, pero se supone que están de vacaciones en Los Ángeles. Ya sabes, visitando el barrio chino o de compras por Sunset Boulevard o…
—Sí, sí —le corté—. ¿Y es una maleta grande?
—Bastante... —respondió pensativa—. Y da un poco de mal rollo, porque pesa bastante y parece que se abre con una clave.
—Igual la vecina se ha cargado a su marido con la ayuda de su amante para cobrar la póliza del seguro. Últimamente la he estado espiando desde la ventana del salón y parece que tiene contactos con la mafia.
—Seguramente será eso. Ya me voy a trabajar mucho más tranquila. —Se notaba que mi respuesta no había sido suficiente para zanjar el tema—. En todo caso, Sr. Corleone, si puedes, échale un vistazo cuando vengas.

El día había comenzado bastante aburrido y me gustaba la idea de emular a Sam Spade, así que acepté el caso encantado y nos despedimos hasta la noche. Después de colgar, me puse en la posición de pensar durante un rato. No había querido decirle a Natalia la primera idea que me había venido a la cabeza al pensar en esa maleta. Había hecho bien. Era absurdo. No tenía ningún sentido.

Pero no podía dejar de pensar en ello…

***

Después de comer, una mezcla de curiosidad e impaciencia me dominó. Tenía que ir a casa y ver esa maleta. Entré en el coche y me propuse no hacer más conjeturas ridículas. No lo conseguí. ¿Cuánto debía pesar ese animal? ¿Diez quilos? ¿Quince? Para no pensar más, encendí la radio y puse un CD de bandas sonoras a todo volumen. Dos notas resonaron en el habitáculo dibujando un semitono aterrador… que fue suficiente para hacerme recaer. ¿Y cómo iba a abrir la maleta? Natalia había hablado de una clave.

Entré en el aparcamiento del edificio atropelladamente, sin esperar a que la pesada puerta de la entrada terminara de abrirse. Seguramente faltó poco para chocar, pero no me paré a mirarlo. Tenía prisa. Aparqué el coche un poco peor que de costumbre y me dirigí precipitadamente hacia el ascensor. Ocupado. Decidí subir por la escalera. Cuando no había subido ni dos pisos la cabeza comenzó a darme vueltas. Me detuve un momento apoyándome en la barandilla. La escalera ascendía formando una espiral que se movía a mi alrededor. Estaba mareado. Respiré profundamente un par de veces y continué.

30 de septiembre de 2007

Las 100 mejores (1/4)

El mes pasado atropellé a un perro. No lo vi venir...

Episodio IV: El suceso

Hacía calor. Llovía mucho. En la radio del coche sonaba un tema de Gene Kelly que no escuchaba desde hacía años. Pensé que resultaba apropiado. La señal horaria de las ocho de la tarde acababa de dejar claro que iba a llegar tarde. Natalia me estaba esperando en la calle y seguramente no llevaba paraguas. Como muchos otros días, habíamos quedado después del trabajo, pero ese martes un accidente frente a la discoteca Rosebud me había tenido parado más de veinte minutos.

Tomé la salida 14 de la Ronda de Dalt justo en el momento en que la nube que tenía encima decidió tomar tierra. Casi no se veía nada. Me detuve un instante al llegar a la cuadrícula amarilla que cubre todo el pavimento de la gran rotonda que hay al final de la salida. No estuve parado más de dos segundos, pero el taxista que tenía detrás lo consideró demasiado y comenzó a tocar el claxon. Tenía un peinado ridículo. No quería discutir, así que aceleré.

Cuando estaba en mitad de la rotonda, sucedió.

No lo vi venir. Sólo pude ver una sombra de color canela que se abalanzaba sobre la parte delantera del coche mientras yo pisaba el freno instintivamente.

Los siguientes diez segundos fueron extraños. No sabía qué hacer. Agudicé el oído. Tres sonidos se mezclaban confusamente: los acordes de "Mrs. Robinson" en la radio, la lluvia golpeando furiosamente la carrocería y el más absoluto silencio bajo el coche. Apagué la radio. A mi derecha, a unos cinco metros, una niña con un vestido rojo me miraba paralizada. Ella entendía lo que había pasado bastante mejor que yo. De repente, sus zapatos, perfectamente combinados con el vestido, abandonaron la acera y comenzaron a caminar hacia mí. No llegó muy lejos. Cuando había dado dos pasos, un hombre poco más alto que ella que estaba a su derecha la cogió por el brazo y la devolvió a la acera. Llevaba una anticuada gabardina totalmente empapada. Casi sin mirarme, me hizo una señal para que continuara. Metí primera y aceleré.

Mientras me alejaba de la rotonda, intenté mirar por el retrovisor para ver si veía algo sobre el asfalto. No pude ver nada. Llovía demasiado y el calor, que iba en aumento, empañaba los cristales. En el siguiente semáforo, decidí poner un poco de orden. Recogí el peluche del toro salvaje que se había caído con el frenazo y volví a encender la radio. El locutor había decidido aliarse con las nubes y cantaba "...rain-drops keep fall-ing on my head...".

Cuando recogí a Natalia, con quince minutos de retraso, estaba a punto de salir flotando sobre una puerta. Ella nunca se queja, así que le expliqué lo del atropello sin que sonara a excusa.

—¿Pero estás seguro de que era un perro? —me preguntó preocupada.
—No lo sé. No se veía nada, pero no era muy grande. Podría ser un hobbit.
—Probablemente —me respondió—. Si quieres, volvemos a la rotonda para ver si se ve algo.
—Da igual. Vámonos a casa. —El sonido de dos campanas anunció la llegada de un SMS—. ¡Mira! Parece que el pobre ya ha llegado al cielo y me envía un mensaje. ¿Es Corky?
—No —respondió Natalia mientras miraba mi móvil—. Es un tal “Desconocido” que te envía una especie de ecuación.
—¿Una ecuación... y ya está?
—Sí. Te la leo… 55 + 62 + 65 + 35 + 07 + 49 + 28 = 34.
—Pues parece que no sabe sumar. En fin, guárdalo y luego lo miro.

***

Aquella noche nos acostamos pronto.

Pasada la medianoche, desperté empapado en sudor. Todo estaba oscuro y hacía mucho calor. No sabía muy bien por qué me había despertado. Me giré hacia Natalia y noté que dormía plácidamente. Al menos uno de los dos podía. Inmediatamente lo volví a escuchar. Parecían unos gemidos de algún animal que venían de la calle. Sonaban muy lejanos, así que me incorporé para escuchar mejor. Silencio. Pensé que seguramente mi vecino insomne había sacado a pasear a su querida Baby aprovechando que había dejado de llover. Esperé unos minutos, y cuando decidí continuar durmiendo, noté que Natalia abría los ojos.

—¿Qué haces? —dijo con dulzura y casi sin moverse.
—En ocasiones oigo perros.
—Muy gracioso —me respondió sin convicción—. Anda, duérmete.
—Eso intento, pero lo de contar ovejas no me funciona.
—Prueba a contar cacharros digitales de esos que te gustan. —Su voz se iba apagando suavemente—. Mañana será otro día.

Tenía razón. El miércoles iba a ser un día diferente. Un día que no iba a ser como los demás...

23 de septiembre de 2007

Los cromosomas de Junior

Hoy tenemos el placer de presentar las últimas fotos de Junior. En esta ocasión, no proceden de un ecógrafo sino de un cariotipo.

El cariotipo es el ordenamiento de los cromosomas de una célula metafásica de acuerdo a su tamaño y morfología. El cariotipo es característico de cada especie y el humano tiene típicamente 46 cromosomas o 23 pares de cromosomas, organizados en 22 pares autosómicos y un par sexual. En la primera imagen, se puede observar que Junior será un niño ya que este último par es XY.

Por otro lado, en la segunda imagen, que se corresponde con los cromosomas bailando, se puede comprobar que será un niño alegre y con ganas de fiesta.

Además, si se dispone de un lector cromosómico avanzado -que se puede construir fácilmente con una tarjeta de visita- pueden apreciarse datos más interesantes :-)

8 de septiembre de 2007

From Hellas

Lo primero que hay que saber es que a los griegos les gusta llamar a su país Hellas (o en nuestro idioma República Helénica). Parece ser que queda más auténtico.

A parte de esto, lo demás se podría resumir en una frase que nos dijo la semana pasada -a nuestra llegada a Atenas- un guía español: "Grecia, a pesar de ser un pais de la UE, es un poco diferente a los demas". Al principio nos recordó al tan sonado Spain is different, pero resulta que se referia a otra cosa. Grecia es un pais donde:

  • Los perros y los gatos te hacen compañía continuamente. (Seguramente trabajan para el gobierno.)
  • Los coches tienen preferencia en todas las calles y carreteras. Después de los coches, tienen preferencia los perros. Después de estos, vienen los peatones griegos y, en último lugar, los turistas. Por lo tanto, es totalmente innecesario mirar a los semáforos y buscar pasos de peatones. Mola bastante...
  • Para coger un taxi que se acerca a tu posición, hay que ponerse en medio de la calle y exclamar A VOZ EN GRITO dónde quieres ir. Si al taxista le va bien ir por allí, para. Si no, pasa de ti olímpicamente -no podía ser de otra manera- y sigue conduciendo.
  • Si tienes la suerte de tener el hotel al lado del estadio del Panathinaikos justo el día que juegan el partido de máxima rivalidad contra el Olympiakos, puedes disfrutar de agradables conversaciones con la policia antidisturbios local y ver como se preparan para repartir un poco de estopa antes y después del partido. Esto también te da la posibilidad de experimentar entretenidas rutas para llegar al hotel.
  • Para parar el autobús no basta con hacer una señal sutil desde la parada. Hay que adentrarse unos metros en la calzada y agitar violentamente los brazos.
  • No hay cerrojos en los lavabos porque no hacen falta.
  • Y por supuesto, es un país donde se come estupendamente (yougurt, ensalada griega, moussaka, souvlaki y muchas más cosas exquisitas) y con una gente muy amable que entiende perfectamente el inglés mal hablado.
En fin, se nos acaban los 30 minutos de conexión a Internet del hotel. A nuestra llegada, pondremos las fotos.

Javier, Natalia y Junior.

Actualización (10/09/2007): Poco después de escribir el texto anterior en el hotel de Santorini, y mientras esperábamos al ferry que nos llevó a Atenas, Natalia fue al servicio del puerto y se topó con un perro durmiendo junto al WC. Este hecho conecta dos de los puntos comentados anteriormente. ¿Habrán quitado los cerrojos de las puertas de los lavabos para que los perros se oculten? ¿Estaba durmiendo realmente aquel perro o estaba vigilando a los turistas? Natalia, por si acaso, lo dejó durmiendo...

24 de agosto de 2007

Un nombre para Junior (II)

¡Ya está aquí la encuesta para tomar partido en la elección de un nombre para Junior!

En la parte derecha de este blog podéis votar por alguno de los nombres que se han propuesto últimamente. No están todos los propuestos debido al evidente derecho de veto de los futuros padres. De momento, sólo hemos puesto los más habituales. Es posible que hagamos una segunda ronda con nombres de "otra dimensión".

Muchas gracias por participar :-)

20 de agosto de 2007

¿Qué tienen en común Alan Smithee y Junior?

Junior es el nombre provisional que utilizamos Natalia y yo para referirnos al que saluda en la imagen y que verá por primera vez la luz dentro de unos meses. Aunque en la última foto no ha querido posar adecuadamente, creemos que es bastante simpático.

Alan Smithee es un director de cine alemán extraordinariamente prolífico. Nació en el año 1967 y tan sólo dos años después estrenó su primera película: Death of a Gunfighter. En 1999 y tras completar una filmografía de más de 60 obras (por lo general, bastante malas) se jubiló oficialmente. Smithee es el autor de películas tan horribles como Hellraiser 4 y Los pájaros 2, aunque hay alguna cosa que se salva, como por ejemplo el episodio piloto de la gran serie de bricolaje-ficción MacGyver.

De todas maneras, volviendo al núcleo de la cuestión, es difícil de entender que Alan Smithee dirigiera una película antes de cumplir dos años. La explicación es sencilla y tiene que ver con sus padres (ya que no tuvo ninguna madre). El primer director de la película mencionada anteriormente, Death of a Gunfighter, fue Robert Totten. Éste fue substituido a mitad del rodaje por Don Siegel, a petición del protagonista y estrella principal de la película: Richard Widmark. Cuando se acabó la película, Don Siegel no quería figurar como director porque su participación había sido escasa. Por otro lado, Richard Widmark no quería que figurara el director original debido a discrepancias irreconciliables. Finalmente, y dado que el sindicato de directores americano exige que todas las películas se atribuyan al director, se creó el seudónimo Alan Smithee. Desde entonces, cuando un director no quiere aparecer en los créditos de una película (generalmente porque los productores la modifican en contra de su voluntad), cambia su nombre por el alias Alan Smithee (que por cierto es un anagrama de The Alias Men).

Por lo tanto, Junior y Alan Smithee son seudónimos; son alias que se utilizan para evitar mostrar el nombre real. En el caso de Junior, tenemos previsto cambiar esta situación dentro de unas semanas. Ya tenemos algunos nombres que nos gustan y en breve haremos una encuesta on-line no vinculante en este mismo blog. Os animamos a continuar sugiriendo nombres para Junior, ya que el primero que proponga el nombre definitivo recibirá un bonito regalo.

31 de julio de 2007

Un nombre para Junior

En el 2005, un chavalín inglés de 21 años ganó 1.000.000 $ en pocos meses vendiendo pixels de su página web, titulada The Million Dollar Homepage. La idea era simple: se divide la página en párcelas de un pixel (un millón en total) y se ponen a la venta a un dolar la unidad. Pudo ser un fiasco, pero la cuestión es que los anunciantes se pelearon por aparecer y el chavalín universitario se hizo millonario en medio año.

Esto viene a demostrar dos cosas:

  • Se puede hacer mucho negocio en la red vendiendo cosas inusuales.
  • Me estoy haciendo mayor porque veo a un universitario de 21 años como un chavalín.

Volviendo al primer asunto, Natalia y yo hemos pensado en hacer negocio subastando el nombre de Junior, nuestro futuro primogénito que reflexiona en la foto adjunta.

De todas maneras, como lo hemos pensado mejor y eso estaría feo, vamos a dejarlo en que aceptamos sugerencias y luego haremos lo que nos parezca.

Para ir acotando, hay algunos nombres que ya están reservados y no podremos utilizar: Pablo y Narham. Por otro lado, ya se han propuesto y serán considerados: Ivan, Izan, Max, Edgar, Lucas, Óscar, Mario, Hugo, Sergi, Jordi y Jambato.

30 de julio de 2007

Breve historia de un blog

Después de leer numerosos tutoriales de Photoshop -repartidos generosamente por la blogosfera- y ver algún video demostrativo en YouTube, hoy he cambiado el look & feel de este blog. Desde que migré el espacio a Blogger Beta (ahora ya sin el bonito apellido) había usado una plantilla estándard que, sin tener nada de malo, era... demasiado estándard.

He creado un álbum donde iré poniendo la historia en imágenes de este espacio que nació hace casi 3 años y que todavía no sabe qué quiere ser de mayor.

El blog de Javier Otero

13 de julio de 2007

La importancia de llamarse Hugo

Elegir el nombre de una persona, su antropónimo, esa característica que le hará diferente de los demás sin necesidad de conocerlo, es una decisión importante. Recientemente, dos personas de mi entorno me han hablado de dos niños que nacerán próximamente con el nombre de Hugo. Esto me ha recordado una historia de naufragios que leí hace tiempo y que telegráficamente decía algo así:

El 15 de diciembre de 1664 se hundió un barco en el estrecho de Menay, en la costa norte de Gales. Murieron 82 pasajeros, todos los que componían el pasaje, salvo un hombre llamado Hugh Williams. El 5 de diciembre de 1785 otro barco se hundió. Perecieron 60 pasajeros y hubo un único superviviente, llamado Hugh Williams. El 5 de agosto de 1860, el hundimiento de un tercer barco provocó la muerte de 25 pasajeros, y el único superviviente se llamaba, como no, Hugh Williams.

Es una historia que plantea muchas preguntas. ¿Es Hugh Williams otro alias del Conde de Saint Germain? ¿Es (o era) este personaje un primo lejano del vampiro Lestat de Lioncourt? ¿Perteneció Hugh al clan MacLeod? Hay que tener en cuenta que el primer accidente fue relativamente cerca de Escocia.

Y en todo caso, ¿por qué este ser inmortal era (o es) tan gafe? Movido por la curiosidad, he hecho un pequeño trabajo de investigación de 10 segundos y he llegado al dominio hughwilliams.com, donde un Hugh Williams de nuestros días (que trabaja en Microsoft) nos enseña su cara sonriente. La verdad es que yo no me subía a un barco con ese tío...

En fin, probablemente nunca se conocerán todas las respuestas. La verdad está ahí fuera. Pero yo quiero creer que es una prueba de lo importante que es elegir un buen nombre. Natalia y yo estamos en ello.

23 de abril de 2007

¡T & C!

En la década de los 60, el matrimonio formado por Ralph y Carolyn Cummins completó su proyecto familiar. Fue el 20 de febrero de 1966. Ese fue el día en el que nació su quinta hija: Cecilia.

Esta historia no tendría nada de particular si no fuera porque los cuatro primeros hijos de la familia Cummins también habían nacido un día 20 de febrero, concretamente en los años 1952, 1953, 1956 y 1961. La probabilidad de que esto suceda es aproximadamente de 1 entre 18.000.000.000.

Personalmente no creo que todo fuera fruto de la casualidad. Los dos primeros, seguro. El tercero, quizás. Pero los últimos... Eso tuvo que ser espíritu olímpico: algo así como "ven Carolyn que vamos a hacer historia".

Precisamente estos son los retos que a Natalia y a mí nos gustan. Hace poco más de un mes, Belén estuvo a punto de pasar a la tercera pantalla, pero finalmente tuvo que abandonar el reto porque Nuria vino con unos pocos días de retraso.

En fin, yo creo que Natalia y yo podemos conseguirlo, y no en un día vulgar como el 20 de febrero. Nuestro reto es conseguirlo empezando el próximo día de Navidad. Sí, sí... ¡T & C!